República Dominicana ha comenzado a transitar por una nueva etapa migratoria, alineándose con otros países de la región que ya han lidiado con acuerdos similares con Estados Unidos. Estos acuerdos permiten la recepción temporal de migrantes no nacionales, en un contexto que ha suscitado tanto esperanzas como preocupaciones.
La retórica diplomática empleada para describir estos acuerdos incluye términos como cooperación, tránsito excepcional y responsabilidad compartida. Sin embargo, la experiencia de naciones como Panamá y Costa Rica sugiere que dichos tratados pueden acarrear debates complejos sobre detención, acceso al asilo, y condiciones de retorno. Estos países han enfrentado críticas por temas de falta de transparencia y presiones internacionales.
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Un comunicado oficial del gobierno dominicano enfatizó que el memorando de entendimiento con Estados Unidos es un mecanismo no vinculante para el ingreso temporal de un número limitado de personas, excluyendo a nacionales haitianos y menores no acompañados. Este acuerdo, que se aplicará caso por caso, promete respaldo financiero y operativo de EE. UU. para asegurar condiciones dignas durante la estancia y facilitar un retorno ordenado.
Sin embargo, la experiencia de otros países demuestra que los problemas emergen no solo al momento de firmar un acuerdo, sino después. Preguntas cruciales permanecen: ¿Qué sucede si un migrante se niega a regresar a su país? ¿Cómo se evalúa el temor de persecución? Estas interrogantes han sido fuentes de controversia en acuerdos anteriores, especialmente en Panamá y Costa Rica.
Panamá: denuncias de detención y asilo negado

En febrero de 2025, EE. UU. deportó a Panamá a 119 migrantes de diversas nacionalidades. Este fue el inicio de una operación que planeaba un total de 360 deportaciones. La situación se tornó complicada cuando Human Rights Watch informó que estos migrantes, muchos de ellos con temores justificados de volver a sus países, fueron expulsados sin la oportunidad adecuada de solicitar asilo.
Testimonios revelaron que algunos migrantes fueron mantenidos incomunicados y bajo condiciones restrictivas, lo que generó un eco de críticas tanto a EE. UU. como al gobierno panameño. Tras rechazar la repatriación, algunos fueron trasladados a un campamento remoto, mientras otros recibieron permisos temporales tras expresar sus temores de retornar.
Costa Rica: menores y permisos especiales

En el mismo periodo, Costa Rica aceptó a 200 deportados, incluidos 81 menores, lo que planteó desafíos significativos. Aunque el gobierno pretendía ser un puente, casi la mitad de los deportados reflejaron su miedo a regresar. Ante esta situación, Costa Rica decidió otorgar un estatus migratorio especial a 85 de estos migrantes para asegurar su bienestar mientras permanecían en el país.
Guatemala: resistencia al “tercer país seguro”
En 2025, Guatemala, bajo la administración del presidente Bernardo Arévalo, acordó aumentar los vuelos de deportación, pero hizo hincapié en que no aceptaría a criminales ni se convertiría en un tercer país seguro. Anteriormente, acuerdos similares habían sido criticados por su falta de efectividad y el riesgo que representaban para los migrantes.
El Salvador: el extremo carcelario del modelo

El caso de El Salvador, dirigido por Nayib Bukele, destaca por su enfoque estricto en la seguridad al aceptar deportados de EE. UU. a cambio de fondos. Este modelo provocó intensas críticas, al ser interpretado como una forma de externalizar el sistema penitenciario estadounidense, poniendo a los migrantes en situaciones muy delicadas en cuanto a derechos humanos.
Las preguntas al aire
La experiencia en la región plantea una serie de preguntas críticas para el gobierno dominicano. La cuestión de dónde se alojarán los migrantes, las condiciones durante su estancia y el acceso a la protección son vitales. Además, es esencial que exista supervisión independiente para garantizar condiciones adecuadas y respetar los derechos humanos.
Finalmente, la falta de comunicación pública y transparencia puede dar lugar a malentendidos y desconfianza tanto a nivel nacional como internacional. Establecer protocolos claros y mantener a la población informada permitirá mitigar tensiones y fomentar un diálogo constructivo sobre este complejo tema migratorio.
República Dominicana y el nuevo marco migratorio con EE. UU.
- Acuerdo no vinculante para recepción temporal de migrantes.
- Experiencias previas de otros países evidencian complejidades y desafíos.
- Necesaridad de supervisión y transparencia en el proceso.
- Preocupaciones sobre derechos humanos y acceso a protección.




