La emergencia se siente también fuera de las parcelas. Sin producción, las oportunidades de trabajo se reducen, y las familias deben enfrentar el costo de los alimentos sin contar con los ingresos que normalmente obtenían del campo.
“No hay trabajo, hermano. No hay trabajo”, repite Víctor Manuel Bonilla, otro de los productores entrevistados durante el recorrido, reflejando la difícil situación que atraviesan.
Los agricultores de Calpulles cultivan principalmente maíz y frijol, además de productos como chile y pipián. Pero esta temporada, las plantas no llegaron a convertirse en cosecha, lo que agrava aún más la crisis alimentaria.
Herrera asegura que la producción se perdió por completo. La falta de lluvia hizo imposible sostener los cultivos, dejando a los agricultores sin los alimentos que esperaban obtener y sin los ingresos de la venta de parte de la producción.
Para quienes viven de la agricultura, perder una cosecha significa perder mucho más que los resultados de varios meses de trabajo: quedarse sin dinero para comprar alimentos, pagar gastos del hogar o volver a sembrar.
“Estamos preocupados. Estamos estancados. No tenemos ayuda. No tenemos nada”, señala Herrera, resaltando la desesperación de la comunidad en estos momentos críticos.
La ONU teme que millones de personas queden sin alimentos tras la sequía por fenómeno El Niño en América Latina.
El productor pide asistencia para los campesinos de la comunidad, donde la falta de lluvia ya se convirtió en una crisis que afecta directamente la economía de las familias.
Bonilla calcula que alrededor de 150 productores han sido afectados por la sequía en esta comunidad, una cifra alarmante que requiere atención inmediata.
La cifra adquiere mayor dimensión al considerar el tamaño de Calpules. De acuerdo con los productores, allí existen aproximadamente 90 viviendas, con familias que pueden estar integradas por cinco, seis, siete u ocho personas.
La pérdida de las cosechas no se limita a quienes trabajan la tierra, sino que afecta también a los hogares que dependen de esos ingresos y a las actividades económicas que giran en torno a la producción agrícola.
Durante el recorrido, Infobae conversó con productores que describieron cómo una temporada agrícola perdida comenzó a convertirse en una crisis de ingresos y alimentos para sus familias.
La agricultura es una de las principales fuentes de sustento para los habitantes de la comunidad. Cuando los cultivos desaparecen, se reducen las oportunidades de empleo temporal que normalmente genera el campo.
Bonilla insiste en que actualmente “no hay trabajo”. La situación obliga a las familias a comprar alimentos que antes podían obtener de sus propias parcelas, justo cuando tienen menos dinero disponible.
El productor explica que el costo de la vida también se ha convertido en una preocupación. El maíz, alimento básico en la zona, debe comprarse a precios cada vez más difíciles de asumir para hogares que perdieron sus ingresos agrícolas.
La paradoja es evidente: los campesinos que sembraban para comer y vender ahora tienen que comprar alimentos después de haber perdido la cosecha que debía sostenerlos.
Herrera asegura que llevan aproximadamente seis meses enfrentando la sequía, sin las precipitaciones necesarias para sostener los cultivos ni recuperar las fuentes de agua.
El tiempo transcurrido explica por qué los productores ya no hablan de una simple mala temporada. La preocupación es que la falta de lluvia comprometa los siguientes ciclos agrícolas, ya que aún si las precipitaciones regresan, necesitarán semillas y recursos para resembrar.
La crisis agrícola se acompaña de una reducción de las fuentes de agua. Durante el recorrido, los productores señalaron pozos que dejaron de tener agua y describieron las dificultades para abastecerse.
La pérdida de esas fuentes agrava la situación, afectando simultáneamente el consumo de las familias y la posibilidad de recuperar la actividad agrícola. Sin agua, no hay forma de sostener los cultivos o garantizar que una nueva siembra pueda sobrevivir.
El problema no termina, por tanto, con las pérdidas de esta temporada. Los productores necesitan que las fuentes de agua se recuperen para poder pensar en volver a trabajar la tierra.
Seis meses de sequía han borrado meses de trabajo; ahora, los campesinos de Calpulles no miran sus parcelas pensando en lo que perdieron, sino en lo que necesitarán para volver a sembrar. La tierra puede esperar la lluvia; las familias, en cambio, no pueden esperar para volver a vivir de ella.
Impacto de la sequía en la agricultura de Calpulles
- 150 productores afectados por la sequía en Calpulles.
- Más de seis meses sin lluvia, comprometiendo futuros ciclos agrícolas.
- La falta de ingresos y el aumento del costo de vida agravan la crisis familiar.
- Necesidad urgente de asistencia para la comunidad de productores agrícolas.




