Las crisis de las que hablan las calles de Cuba: «La situación es bastante crítica»

La Habana, 30 ago (EFE).- “¿Cuántos días llevas sin agua?”, le pregunta una jubilada habanera a otra en un mercado de La Habana Vieja. Bastan unos segundos de conversación para que le responda con otra pregunta: “¿Pudiste comprar aceite?”

Estos nuevos temas no significan que no exista la crisis energética, que sigue en el centro de las inquietudes de los cubanos, pero cada día ven cómo se añaden problemas como el acceso al agua, el gas, el transporte y los elevados precios de los alimentos.

“Estamos mal, es una cosa que estamos mal en casi en todos los sentidos: en higiene, en los precios”, recalca a EFE, Francisco López, un habanero que se queja de cómo su jubilación de 4.000 pesos (33 dólares al cambio formal, pero 6 dólares en el informal) no le alcanza ni para comprar una botella de aceite para cocinar, cuyo valor ha llegado a alcanzar hasta los 5.000 pesos en algunas tiendas privadas.

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Mientras espera en una fila para acceder a otros productos alimenticios, López, de 80 años, también se queja de la escasez de medicamentos, y explica que por sus afecciones de presión arterial debe consumir Atenolol, un medicamento que encuentra “en la calle” (mercado informal), pero ya no está en las farmacias estatales.

Las autoridades de la isla han reconocido la imposibilidad de importar la cantidad de medicamentos o insumos que se necesitan para cubrir la demanda en todo el territorio nacional, a causa del bloqueo energético y las órdenes ejecutivas impuestas por Washington a la isla.

Ante esta situación, el Gobierno cubano formalizó el pasado julio la gestión de farmacias por privados, una de las actividades que durante décadas el Estado controló de manera centralizada.

Agua y corriente “están chocando”

Dentro del historial de carencias de López figuran las dificultades para acceder al agua potable. A su edad y viviendo en el quinto piso de un edificio de La Habana Vieja, asegura que pocas veces coinciden en el mismo horario la corriente y la entrada de agua, indispensables para poder disponerla.

“Yo vivo en un piso alto y hay que poner un motor para que pueda haber agua, pero si hay corriente no hay agua”. “No ponen las dos juntas, están chocando”, relata.

La crisis hídrica le es familiar también a Elanis Castellano de 53 años, una habanera con discapacidad del barrio de San Nicolás en Centro Habana que confiesa a EFE que ha llegado a pagar hasta 1.000 pesos (8 dólares al cambio formal y 2 al informal) para que le lleven a su vivienda una cubeta con el agua.

“La situación está difícil. No tenemos agua y estamos pagando para que nos puedan subir un poquito al edificio (…) Ya llevamos tres semanas seguidas sin agua”, puntualiza.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, llamó esta semana “a resolver en el menor tiempo posible” el problema de abastecimiento de agua durante una visita a una fuente estratégica para su suministro en La Habana. También reconoció que el problema viene de la falta de electricidad.

Por su parte, el presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), Antonio Rodríguez, explicó que alrededor de 2,7 millones de cubanos tienen dificultades agravadas con el suministro de agua y puntualizó que hay lugares del país donde “el agua se rebombea con bajas presiones y si no hay corriente se quedan muchas personas sin recibir el servicio”.

Un cambio “absoluto”

El Gobierno de la isla ha reconocido que el país vive una realidad “sumamente compleja” y “de sufrimiento”, pero ha descartado que la nación esté “al borde del colapso”.

En las calles de La Habana, los rostros y vivencias de muchos cubanos expresan más que palabras: cansancio, estrés, y también desesperanza. Algunos, incluso solo piden un cambio, sin definir explícitamente cuál.

La situación es “bastante crítica”, resume a EFE, Juan Zamora, un anciano que acumula en un basurero de La Habana pedazos de madera para hacer leña para cocinar.

A pocas cuadras del basurero donde buscaba Zamora, otro anciano, Rogelio Bonet, de 88 años, espera bajo el fuerte sol en la céntrica avenida de 23 en el Vedado, por el escaso transporte público de la ciudad capital para poder trasladarse.

Con marcado escepticismo sentencia a EFE que “mientras el cerebro pensante” en el país siga siendo el mismo, no habrá mejorías.

“El cambio tiene que ser absoluto. De arriba para abajo, no de abajo para arriba”, afirmó.

glz

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