“Soy un hombre solo, un solo infierno.” Salvatore Quasimodo
“Mis mejores amigos son los hombres de trabajo.”
Frase extraída de un discurso de Trujillo, que inspiró conferencias, seminarios, poesías y canciones de loas al Benefactor.
A principios de agosto, en medio de preparativos para una reunión de Ministros de Relaciones Exteriores en San José, Trujillo llevó a cabo una maniobra política. Su objetivo era proyectar ante el mundo la idea de que su régimen se encaminaba hacia un proceso de “liberación”. Para lograrlo, decidió designar un nuevo Presidente de la República en lugar de su hermano, el Generalísimo Héctor Bienvenido Trujillo Molina, conocido como Negro.
El “honor” recayó en el vicepresidente Joaquín Balaguer, un intelectual con fama de discreto. A pesar de haber ocupado los cargos más altos del gobierno y contar con la confianza del dictador, su personalidad seguía siendo un enigma para muchos de sus colaboradores más cercanos.
Conocido por su silencio y su voz serena, Balaguer oscilaba entre ser considerado uno de los pilares del régimen y el misterio que rodeaba su habilidad para permanecer en el poder sin sufrir caídas abruptas.
No era la primera vez que Trujillo recurría a este tipo de tácticas políticas. Ante situaciones internacionales difíciles que él mismo había generado, había nombrado previamente presidentes “títeres”. El primer caso notable ocurrió en 1937 tras la masacre de miles de haitianos, un acto que justificó bajo la lógica de proteger el país de lo que él consideraba una invasión.
El primer presidente designado en esa ocasión fue Jacinto Peynado, un jurista de prestigio sin vínculos familiares. A su muerte, fue sucedido por Manuel de Jesús Troncoso, quien también actuó como un mero representante de la voluntad de Trujillo en lugar de ejercer poder real.
Por ello, el nombramiento de Balaguer no se esperaba diferente. La comunidad internacional percibió el cambio como una “farsa”. En su publicación “Guerra, traición y exilio”, Nicolás Silfa menciona que la prensa continental acuñó el término “el ventrílocuo y su muñeco” para describir esta situación. Esto ilustra cómo el verdadero control continuaba en manos del dictador.
El 3 de agosto, se llevó a cabo el “traspaso” del mando, y el hermano menor del “Jefe” renunció alegando motivos de salud. El historiador Bernardo Vega señala que, más de treinta años después, este presidente seguía vivo y con buena salud en su exilio en Portugal. Esta nueva designación era vista como un intento de dar una imagen de liberalización al régimen.
Sin embargo, esa apariencia no tuvo el efecto deseado. En sus memorias, Balaguer describió esa etapa como una de las más desalentadoras de su carrera política. Reconoció que su nombramiento no era un verdadero triunfo, sino un arreglo temporal impuesto por la creciente presión internacional.
El nuevo presidente entendía el fracaso de las estrategias de “presidentes postizos” previas y dudaba de que su nombramiento alterara la percepción internacional acerca del régimen de Trujillo. En sus recuerdos, Balaguer enfatizó que el dictador había esperado que este pequeño cambio suavizara las potenciales sanciones a las que se enfrentaba en la reunión de San José.
En esta conferencia, se abordaron las graves acusaciones de Venezuela contra el régimen dominicano, lo que condujo a acalorados debates y a la eventual determinación de sanciones. Los cancilleres discutían principalmente la intervención de la República Dominicana y la inestabilidad en el Caribe, dividiendo así la reunión en dos temas fundamentales.
Los Estados Unidos, aunque preocupados por la influencia de Castro en la región, también enfrentaban un dilema: si rompían totalmente con Trujillo, podían abrir la puerta a un régimen similar al cubano. Este dilema complicaría aún más la situación para Trujillo durante la conferencia.
Finalmente, el 21 de agosto, después de intensas discusiones, los Ministros de Relaciones Exteriores condenaron enérgicamente los actos de agresión del gobierno dominicano, lo que resultó en un histórico aislamiento diplomático y comercial del régimen dominicano. Esto marcó un punto crítico en la Era de Trujillo, donde cualquier intento de suavizar su imagen fue en vano.
Consecuencias del Nombramiento de Balaguer como Presidente
- Trujillo intenta aparentar una liberalización ante la presión internacional.
- El nombramiento de Balaguer fue percibido como una farsa por la comunidad global.
- Se desencadenaron sanciones diplomáticas severas contra la República Dominicana.
- La condena internacional dejó a Trujillo aislado y debilitado en el Caribe.

